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Raiteri conjuga sus abstracciones con la arquitectura de Praxis

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Ámbito Financiero

07.08.2012

Artista:

La artista marplatense interviene las salas de la galería con el site specific «Ayer también te vi»

Por: Ana Martínez Quijano

Las pinturas de la marplatense Inés Raiteri invadieron desde hace unos días las salas de la galería Praxis. Sus geometrías, la multiplicidad de sus rectas, sus ángulos y triángulos, se desplazan, rítmicos y veloces, por la blanca y extensa superficie de las paredes. Las formas se despliegan como una guirnalda y establecen un llamativo contraste con la neutralidad cromática de todo el espacio. La obra está compuesta con apenas tres colores: un radiante rojo bermellón, la oscuridad de la tierra siena tostada y la dorada calidez de la arena. Pero tres colores bastan para iluminar todo el espacio, su presencia es llamativa: se recortan sobre la neutralidad de los muros y avanzan sobre la gran vidriera con el dinamismo de un acordeón.

El feliz encuentro de la obra con la arquitectura moderna de la galería no es un hecho casual. Se trata de un site specific, una obra creada especialmente para Praxis, para intervenir artísticamente los espacios conocidos desde hace años por el público porteño. Raiteri comenzó por analizar las formas clásicas del edificio reciclado en 1976, las deconstruyó («las desarmé», explica la artista) para luego citarlas. Así, la verticalidad de la arquitectura aparece «formateada», transformada por el efecto de la extensa pintura apaisada. En la obra, los cuadriláteros y rectángulos de las salas, reaparecen transformados en paralelogramos, mientras los ángulos rectos se han convertido en agudos puntos de quiebre y vibración, como el que marca la caída desde la barandilla del primer piso hasta la planta baja.

La pintura parece haber escapado de una caja de sorpresas para ocupar un lugar exacto en ese escenario. Si bien la artista no suele titular sus obras, la muestra de Praxis se llama «Ayer también te vi». Raiteri aclara que su aspiración es generar con sus imágenes un punto de inflexión, traer al presente y al espacio pictórico las experiencias, mayormente las que coinciden con la arquitectura. Con este fin apela proustianamente «a los sentidos, a nuestros tránsitos por los paisajes olores, amores, colores, formas, registros conscientes e inconscientes», capaces de suscitar sensaciones, evocaciones.

Frente a la ausencia de líneas curvas, las tensiones generadas por las severas líneas rectas y las diagonales, exaltan la redondez de los tubos de aire a la vista, y la de los pasamanos circulares de las escaleras. En medio de las líneas puras de la galería, las formas onduladas de bovedilla y el rigor de las columnas de hierro procedentes de la arquitectura original, configuran un edificio que coincide con el bello eclecticismo porteño que reina en la zona de Arenales y Talcahuano. Si la arquitectura es «música sólida», como decía Valery, si a pesar de su densidad, comparte las mismas consonancias, disonancias y ritmos, entre otras cualidades, este mural aspira a sensibilizar el ojo del espectador, para percibir la belleza del mundo a través del devenir de las formas. A la idea de una arquitectura pétrea se contraponen las pinturas de una serie de módulos cuyas variaciones eslabonadas, son capaces de demostrar la infinita gama de posibilidades formales del universo geométrico.

La pintura mural de Raiteri es decididamente abstracta, ajena a todo relato que no sea el que propicia la lectura del espacio, y el concepto que se desarrolla a partir de la repetición, la variación y el intervalo.

Realizada en una escala de grandes dimensiones, el formato de la obra se torna eficaz para estimular la mirada, provocar cambios en la percepción y descubrir cuestiones ópticas que permanecían inadvertidas. Los colores y las formas acompañan con sus armonías cromáticas y estilísticas el desplazamiento del espectador, lo envuelven con las voces del discurso estético diseñado sobre las paredes. A pesar del afán ornamental y decorativo que inspira la obra, la exhibición abre un campo estético inesperado, sorprende con un acontecimiento grato a la mirada, cuyo influjo se extiende hasta la calle Arenales, hasta las baldosas donde reverbera el rojo bermellón.