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El campo ampliado del arte en el jardín de Drangosch

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17.03.2015

Artista:

Por Ana Martínez Quijano

Ámbito Financiero

17/03/15 – La artista marplatense Inés Drangosch presenta en la galería Praxis “La rebelión de las rosas. Capítulo 1, Página 1″. La exhibición reúne una serie de dibujos del jardín de Drangosch y un libro de varios autores. La alianza entre la imagen y la palabra tiene larga data, pero este conjunto se destaca por cierta espontaneidad que contribuye a abrir un signo de interrogación sobre el sentido de las obras. La respuesta está en la sala. Desplegados en una pared junto a los diseños de las hojas, las ramas y las flores, hay algunos textos del libro. La libre expresividad de los dibujos rápidos y abocetados, se corresponde con la originalidad sin pretensiones del proyecto editorial y el estilo sincero, decididamente franco, de la artista. Drangosch cuenta que el origen de sus dibujos se encuentra en un jardín ubicado en el fondo de su casa y separado del resto del mundo. En un barrio de Mar del Plata hay una casa con un jardín trasero que esconde su taller. El único paisaje que divisan los ojos de la artista es ese jardín. Así, en sus grandes dibujos, cuando desliza el pincel sobre la opacidad translúcida del papel de calco, recorta la fronda y representa las líneas rectas de sus ventanales. El material acarrea sus propias resonancias, los mapas que la marplatense calcó en el pasado. Todo tiene su razón de ser. Borges recomendaba leer tan sólo aquello que cause placer, decía que el verbo leer“no soporta el imperativo” y que “la lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”. La artista marplatense, con un pensamiento afín cita al escritor Michel Houellebecq, cuando relata su experiencia:“Si un libro empieza de manera aburrida, no me interesa, no me esforzaré para seguir. Quiero que me resulte interesante desde la primera línea”. De este modo, casi como un juego, surgió su antológico libro de primeras páginas. A lo largo de dos años Drangosch pidió un texto de una página a amigos y conocidos, artistas y familiares, escritores y gente que no necesariamente se dedica a la escritura. Cuando reunió alrededor de 70 textos, algunos extensos y otros que se reducen sólo a una línea, los editó sin ningún tipo de censura. “La idea surge de mi experiencia personal”, sostiene. Ella desdeña tambiénlos textos que la aburren pero además, reconoce que disfruta mirándolos desde un punto de vista exclusivamente estético, que le despiertan una fuerte atracción visual. “Capítulo 1, Página 1″ es un libro negro de más de 200 páginas con sobria y pequeña tipografía, que se abre con un prólogo de una página donde la artista describe sus objetivos. “Pensé en esto como si fuera una hipótesis lúdica. ¿Qué le pasará al lector cuándo lea el libro?”, se interroga. El resultado es un libro que ofrece grandes contrastes, para leer y también para abandonar, por momentos divertido y por momentos aburrido, que nos sorprende con una clase de fotografía de Walter Barrio, la descripción de un viaje en colectivo de Daniel Besoytaorube y una sabia interpretación acerca del dibujo de Marina de Caro. Al desarrollo de un guión cinematográfico le siguen cuentos breves o inconclusos y relatos de las más variadas experiencias de vida, como el de Margarita García Faure en la decepcionante nada de la Antártida. Luego, hay diálogos, poesías, confesiones, críticas, sentencias y el sinfín de formas que adquiere el lenguaje. En “Las palabras y las cosas”, Michael Foucault aclara este concepto cuando sostiene: “La gran metáfora del libro que se abre, que se deletrea y que se lee para conocer la naturaleza, no es sino el envés visible de otra transferencia, mucho más profunda, que obliga al lenguaje a residir en el mundo, entre las plantas, las hierbas, las piedras y los animales”.  Rodeada por la naturaleza, recluida en su lugar de trabajo, la artista explora la diversidad de de formas y colores de las cuatro estaciones. Y allí están hoy, en las hojas de un gran cuaderno, los diseños esplendorosos de las cuatro estaciones, la alegría de la serie “primavera verano” y la melancolía del “otoño invierno”. Por otra parte, a la naturalidad de la representación del jardín y la simplicidad del método de selección de los textos, se contrapone un planteo complejo: acercar la imagen al lenguaje. En efecto, a la multiplicidad de sentidos y significados se suma el abanico infinito de las cuestiones formales que limitan las aproximaciones y analogías entre estas disciplinas. No obstante, sorteando las dificultades existentes desde Babel, Drangosch intercala entre las páginas de su libro de autores noveles las de Ítalo Calvino, Charles Bukowski, con el dramático poema “Ellos, todos ellos, saben”, y un texto de Borges tomado de “El libro de los seres imaginarios” (que inspira a Foucault porque “provoca la risa que sacude, al leerlo, todo lo familiar del pensamiento”). Finalmente las imágenes de Drangosch al igual que las páginas de su libro, aspiran a la comunicación con el otro y fluyen ligeras, casi sin obstáculos.