Lila Siegrist

La euforia de las formas

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Artista Exhibido:

Lila Siegrist

LA EUFORIA DE LAS FORMAS
Por Ana Martínez Quijano

La muestra de Lila Siegrist se inicia con la imagen de un sillón incandescente. Su Sillón de fuego marca el principio de una genuina subversión doméstica, es el punto de partida para un viaje imaginario, el despegue de cualquier rutina. Desde allí se divisa un cielo donde vuelan los manteles. Los cuadritos rojos, azules y blancos, flamean como banderas, mientras henchidos como flores de verano, se escapan por las puertas y ventanas de una casa bañada por el sol.
Un misterio en pleno día.
La teatralidad y el artificio de los paisajes de Lila demandan una labor manual: la producción de pequeñas maquetas que luego fotografía. En las imágenes, la materia inanimada de las cosas cobra vida. Las formas se despliegan, eufóricas, y provocan estupor: algo de apariencia familiar adquiere una condición animada. El fenómeno, ajeno a lo siniestro freudiano, es una ficción hogareña.
El teórico Hal Foster plantea que con el arribo de la arquitectura funcional o modernista, la mujer burguesa fue excluida de las oficinas y los espacios públicos. Agrega que por esta razón las fuerzas reprimidas “muchas veces vuelven al surrealismo bajo formas demoníacamente femeninas”[1]. Lila Siegrist escucha las voces de los viejos surrealistas, pero emprende su propia rebelión: busca la belleza en las experiencias comunes de la vida cotidiana.Sus paisajes evocan los territorios que habitó y, se inflaman en la memoria, con destellos de energía.
En otro de sus escritos, Foster parafrasea a Lacan cuando sostiene que ciertas obras contemporáneas rechazan el mandato de pacificar la mirada. “Es como si este arte quisiera que la mirada brillara, el objeto irrumpiera, lo real existiera, en toda la gloria (o el horror) del deseo pulsional, o al menos evocara esta sublime condición”[2]. Tanto la teoría de Foster, acerca de la aparición de lo reprimido con cualidades femeninas, como la definición de Lacan, sobre un arte destinado a provocar el resplandor de la mirada, se pueden asociar a las obras de Siegrist.
Pero el tiempo no ha pasado en vano. Las puertas del mundo se abrieron, las mujeres cansadas de circular por los circuitos globales ya no se sienten encerradas en casas que, hoy, son motivo de inspiración. Polite, La casa del arbol y Home sweet Home, están para demostrarlo. Con la vitalidad, el humor y la ironía surreal, Lila le brinda a los objetos triviales un estatus que nunca habían disfrutado. “He visto ventanas en brote explosivo de plantas/he mirado este jardín con manos húmedas de vajilla en festivales pasados”[3], escribe.
Un video descubre el poder magnético de las manos de Siegrist cuando atraen fragmentos de colores y juguetean con ellos; en otro video, el tiempo, la vida misma, vuelven hacia atrás.
La exposición tiene un perfil poético y también político: se percibe como el anuncio de una valoración social generalizada, con niveles de adhesión creciente, de las dulces cuestiones hogareñas y su acontecer extraordinario.

[1] Hal Foster, Belleza compulsiva, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2008. pag 301, 302.
[2] Hal Foster, El retorno de lo real. La vanguardia a finales del siglo, Akal, Madrid, 2001. pag 144
[3] Lila Siegrist, Nuevo verano, poema del libro Tracción a sangre, IVAN ROSADO EDICIONES, Rosario julio 2013,