Emotional Landscapes

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Emotional Landscapes


Artista Exhibido:

By:Eugenia Viña From the drop to the river; the drop falls to the earth and feeds plants which, in turn, yield fruits that will then be seeds amidst roots that give shape to treetops where birds live and the jungle breathes. Thousands of drops, water, with which Argentine visual artist Ignacio de Lucca reconstructs fragments of the vegetation of the province of Misiones on white sheets of cotton-like clouds. Everything happens at once. There is no before or after. In Ignacio de Lucca’s paintings, nature seduces to release maps of thought at whose core lies a biomorphic chain—the architecture of a living organism. This is where movement undoes hierarchies. Branches, monkeys, reeds, nests, and coatis set the pace in a circular time in which, like a prickly yapencanga-liana typical of the jungle of Misiones, thousands of layers constitute a silent force to dispel excess and salvage the void. Paintings like haikus, fragments of colors of vastness, brief poems built from moments embedded in the earth, water, sky to insinuate a dialogue as complex as it is poetic between beings we think we recognize since they try to look like they belong to this world. De Lucca confesses that his works are born of an impulse, a drive where chance flows, indifferent to anything formal and mindful only of a changing palette in the midst of rapture that gives origin to rhizomatic shapelessness. The meaning of his watercolors lies in the flow of desire. It is with this rhythm that he maps the region where birds, bulls, and vines compose planes brimming with connections of inevitable beauty. Waves, winds, eggs that are rocks; birds that become wings, sea urchins. And, in the midst of this celebration of pictograms, shadows vanish, forms come undone to insinuate a network of tissue internal to the landscape. The leading players change in the body of work produced by this artist from Misiones. First it was rhizomes with a more figurative and subtropical complexity; then so many tree-like forms that enveloped us in their playful carnality and mirrors; now these maps of color have arrived in this geological evolution—a constant excuse to paint. In them, the nests of carancho and japecanga birds remind us that we are always in the same place—the embodied and ungraspable bush of Misiones—but also someplace else: the silent space of more philosophical painting that threatens at times to become geometric. Watercolors of the floating world, scenes surrounding a bank-less river in which Ignacio de Lucca pays tribute to shadows by celebrating painting. Por Eugenia Viña De la gota al río, que cae en la tierra y alimenta las plantas, que a su vez dan frutos que serán semillas, entre raíces que dan forma a las copas de los árboles, donde los pájaros viven mientras la selva respira. Miles de gotas, agua, con las que el artista plástico argentino Ignacio de Lucca reconstruye fragmentos del monte misionero sobre algodón de hojas blancas como las nubes. Todo sucede en el mismo momento. No hay antes y no hay después. En las pinturas de Ignacio de Lucca la naturaleza seduce para liberar mapas de pensamiento, en los que la columna vertebral es una cadena biomórfica que ofrece la arquitectura de un organismo vivo. Allí el movimiento anula las jerarquías. Ramas, monos, cañas, nidos y coatíes marcan el ritmo de un tiempo circular en el que miles de capas de colores, como una yapencanga -liana con pinches típica de la selva misionera- hacen una fuerza silenciosa para descartar el exceso y rescatar el vacío. Pinturas como haikus, fragmentos de colores de la inmensidad, poemas cortos construidos con momentos que encastran la tierra, el agua, el cielo insinuando un diálogo tan complejo como poético entre seres que creemos reconocer, porque intentan parecer de este mundo. De Lucca confiesa que sus obras nacen de un impulso, una pulsión en la que el azar fluye sin prestar obediencia a nada formal sino a su paleta movediza, en medio de un rapto que da origen al informe rizomático. El sentido de las acuarelas está dado por el flujo del deseo. Ese es el ritmo a través del cual cartografía comarcas, en las que pájaros, toros y enredaderas componen planos de dimensiones repletas de conexiones inevitables en su belleza. Olas, viento, huevos que son rocas, pájaros que devienen alas, erizos de mar. Y en medio de la fiesta de estos pictogramas, sombras que se diluyen, formas que se desarman para insinuar la trama del tejido interno del paisaje. En el cuerpo de obra del artista misionero los protagonistas van cambiando. Primero fueron los rizomas, con su complejidad más figurativa y subtropical, luego las múltiples arborescencias que invitaban a leer formas múltiples que nos enredaban en su juego de carnalidad y espejos. En esta evolución geológica, excusa permanente para pintar sin pausa, llegan ahora estos mapas de color, en los que nidos de carancho y yapecangas nos recuerdan que estamos siempre en el mismo lugar -la naturaleza inabordable encarnada en el monte misionero- aunque en otro espacio, más silencioso, de un pintura más filosófica, que amenaza por momentos con volverse geométrica. Acuarelas del mundo flotante, escenas que rodean un río sin orillas en los que Ignacio de Lucca homenajea las sombras a través de la celebración de la pintura.
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