Alejandra Padilla

Alejandra Padilla - créditos Pompi Gutnisky / redgaleria
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MÁS INFORMACIÓN


Artista Exhibido:

Alejandra Padilla

LA PRODUCCION DE LA COMPLEJIDAD COMO EXPERIENCIA ESTETICA

“¿Qué pasa si la ‘verdad’ – en un sentido muy amplio,
es decir el más importante para nosotros –
es información, no sobre lo que percibimos
(las hojas verdes, las piedras, esta voz, ese rostro),
sino sobre el proceso de percepción?”
“Se podría decir que se trata de una característica
universal de la percepción humana…:
el individuo nunca percibe otra cosa que el producto
de su acto de percepción.
No debe percibir los medios que han hecho posible crearlo.
El resultado mismo es una suerte de obra de arte”
Gregory Bateson, A Sacred Unity

Participando en dos exposiciones colectivas, Alejandra Padilla entró en el espacio público de las artes plásticas argentinas en 1994, hace (estoy tentado de escribir ‘apenas’) once años. Desde entonces, ha estado presente en numerosas exposiciones colectivas y ha realizado seis exposiciones individuales.
A lo largo de esos años, ha adquirido creciente y merecida notoriedad. Se ha elogiado la fuerza estética y el poder formal de las obras en relación con el proceso, poco usual, «sin una gota de pintura», de su elaboración. Fragmentación por recorte de fotografías de alta calidad de impresión, tomadas en general del campo de la prensa gráfica de la moda y del lujo; multiplicación por fotocopia de los fragmentos; composición y en muchos casos fotocopia de fotocopia de determinados módulos; pegado de los elementos sobre soporte de tela, todo ello a través de una técnica manual que exige a la vez un extremo rigor y una enorme paciencia. El contacto perceptual con sus obras y la experiencia estética resultante no permiten en absoluto al receptor imaginar el trabajo productivo que ha llevado a ese resultado final. Cada una de las obras, claro está, puede dar lugar a diferentes interpretaciones, que serán otras tantas hipótesis perceptuales, y los nombres con que la artista las acompaña tenderán a estimular, o a desaconsejar, una u otra lectura.
Pero todo esto es, por decirlo así, de orden técnico. El interés que desde hace varios años ha despertado en mí el trabajo de Alejandra (interés que encuentra en este texto de presentación de su séptima exposición individual la expresión de un merecido castigo), no remite a los aspectos propiamente técnicos de su trabajo. Digo propiamente técnicos, porque pienso que lo esencial de su obra poco tiene que ver con lo que el concepto de ‘collage’ designa en la historia de las artes plásticas. El ‘collage’ es aquí una laboriosa práctica artesanal que sirve como puerta de entrada a un mundo conceptual y estético (aquí, precisamente, estos dos adjetivos son inseparables) radicalmente nuevo.
En 1975, un científico francés llamado Benoît Mandelbrot publica un libro titulado Los objetos fractales. Un segundo libro, publicado en inglés en 1982, tendrá un nombre un poco más explícito: La geometría fractal de la naturaleza. Claro, Alejandra Padilla tenía en 1975 catorce años y de todos modos ni ella ni nadie podía saber que un científico francés bastante excéntrico, que estaba en ruptura con la tradición matemática francesa y por ello se fue a vivir a los Estados Unidos, empezaba a formalizar modelos que expresarían uno de los aspectos fundamentales de la obra que una artista plástica argentina comenzaría a desarrollar veinte años más tarde. Con el tiempo, la geometría fractal se ha convertido en uno de los aspectos centrales de lo que muchos consideran un cambio de paradigma en la ciencia contemporánea: la teoría de la complejidad, que busca comprender la emergencia de fenómenos caóticos como las turbulencias, cuando un sistema determinista es sensible a las condiciones iniciales. La teoría del caos tiene hoy desarrollos y aplicaciones en las matemáticas, la física, la química, la biología, la metereología, la economía y sin duda los tendrá también, con el tiempo, en las ciencias sociales. Yo estoy convencido que los sistemas de comunicación son sistemas complejos alejados del equilibrio, donde una imperceptible modificación en las condiciones iniciales produce enormes diferencias en un estado ulterior del sistema. Pero este tipo de intuición es, por el momento, en ciencias sociales, imposible de formalizar. Se puede, sí, generar experiencias estéticas como las que produce Alejandra Padilla donde no es casual, por ejemplo, que determinadas texturas se vuelvan perceptualmente inestables.
¿Cómo se producen los objetos fractales que expresan, podríamos decir, el orden secreto de lo que nos parece a primera vista desordenado, irregular, asimétrico, turbulento, como el flujo de un río, un árbol al viento o las olas que mueren, una y otra vez, sobre la playa? Con dos reglas muy simples : la recursividad, según la cual una porción cualquiera es una réplica en menor escala de la figura mayor, y la iteración, es decir la repetición. Estas dos reglas están en la base de todas las poliscopías de Alejandra Padilla.
Son muchos los objetos fractales en la naturaleza. Entre los que inevitablemente se enumeran están las nubes, los copos de nieve, las costas de los continentes, las montañas. Pero también los tejidos de los seres vivos, cuyas estructuras la geometría fractal describe con mucha precisión. No se trata de discutir si la naturaleza tiene o no una estructura fractal; la geometría fractal de la naturaleza es inseparable de la percepción y la cognición humanas. Hay un elemento común a todas las representaciones visuales de los objetos fractales: su inquietante belleza. Esto tal vez se pueda comprender. Dado que se trata de la representación, en un espacio de dos dimensiones, de estructuras que implican un espacio = ∞.
Los objetos fractales no son sólo naturales. La semiótica de Peirce es una de las pocas teorías fractales que conozco. Para Peirce, todo sentido en la comunicación humana resulta de alguna combinación de tres únicas operaciones, que Peirce llama primera (producción de cualidades subjetivas, imágenes, afectos) ; segunda (producción de hechos) y tercera (producción de reglas o normas). En una operación, debemos poder diferenciar operador de operando. ¿Sobre qué operandos recaen las operaciones primera, segunda y tercera, que son las operaciones básicas de la semiosis humana? Sobre las mismas tres cosas : cualidades, hechos y reglas. Tenemos entonces una matriz de nueve casillas, que cruza las tres operaciones (cualificar, factualizar y legislar) con los tres operandos (cualidades, hechos y reglas). ¿Qué hay dentro de cada una de las nueve casillas ? La misma grilla, a escala más pequeña, con las mismas nueve combinaciones posibles. La misma estructura en diferentes escalas de observación, es una característica fundamental de los objetos fractales.
Todo esto Alejandra Padilla lo sabe. No lo dice, lo produce y lo propone a nuestra experiencia.
En la obra de Alejandra, no todo es poliscopía. Como no todo es fractal en el universo. La geometría fractal no invalida ni la geometría euclidiana ni la mecánica de Newton. Las órbitas planetarias no constituyen un sistema complejo (aunque parece ser que en ciertas zonas, llamadas « resonantes » de la cintura de asteroides que circulan entre Marte y Jupiter, los asteroides tienen una órbita caóticamente variable). El sentido sólo se construye por diferencia, y en el marco de la apuesta técnica de Alejandra, las obras que se podrían considerar más «figurativas» y más próximas a la concepción tradicional del collage, son a mi entender momentos indispensables.
Escribiendo estas líneas creo haber empezado a comprender la fascinación que desde el primer momento en que entré en contacto con ellas me han producido las obras de Alejandra. La mente humana, como ha dicho Gregory Bateson, forma parte indisociable de la naturaleza. Y, paradójicamente, la extraordinaria complejidad final de cualquier organismo es el resultado, a largo plazo, de una simple regla de repetición. Es bien sabido que la única cosa que parece importarles a los genes es la iteración : replicarse, replicarse, replicarse. Como hay siempre imperceptibles diferencias en las condiciones iniciales por simple obra del azar, tenemos un universo extraordinariamente complicado.
Y no hay que pensar que todo esto es «intelectual». Si la comunicación en general, y la comunicación del arte en particular, son fenómenos caóticos, es decir, alejados del equilibrio y sensibles a las condiciones iniciales, la emoción es inseparable del concepto.
Me olvidaba: la red de fibras que transmiten las impulsiones eléctricas al corazón obedecen a la geometría fractal.

Eliseo Verón

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