24.03

Antes que objetos, materialidad pura

En la muestra de Cristian Mohaded el foco está puesto en la materia originaria de las piezas, cuestionando su funcionalidad.

Por María Carolina Baulo

Cristian Mohaded es ante todo un diseñador industrial. El joven catamarqueño se vale de una larga trayectoria y reconocimiento internacional en el campo del diseño –desarrollando objetos para marcas líderes del mercado– para crear un grupo de obras con las que busca superar la instancia de la funcionalidad de los objetos (por ejemplo, que una lámpara ilumine o que un mueble contenga). La muestra Objetos embrionarios que puede visitarse estos días en la galería Praxis, acerca los caminos transitados por el diseño y el arte, valiéndose de una propuesta que no pretende fusionarlos sino más bien hacer hincapié en cuestionar la materialidad misma de los objetos antes de convertirse en tales.

En la que es su primera muestra individual, Mohaded cuenta con la curaduría del arquitecto Martín Zanotti. No es un dato menor porque su mirada, acostumbrada a manejarse contemplando ante todo la espacialidad, hace que la distribución, montaje y escala de las obras jueguen a favor del objetivo de trabajo destacado en el texto de sala: “La muestra profundiza en un proceso de diseño y creación personal, estrechamente vinculado a la sensibilidad de los materiales y a la relación que surge de estos con su hacedor. Nace como una tentativa de acercar esta intención a sus espectadores mediante piezas anónimas, piezas líquidas que fluyen en el imaginario de quien las contempla y las palpa ya no como objetos, sino como manifestaciones materiales. Nos detenemos en un momento del proceso proyectual creativo, dando lugar a piezas inacabadas e inciertas”.

Es interesante notar un doble proceso que se desprende del punto de vista plástico que ejerce el artista sobre los materiales. Por un lado, logra establecer una marcada empatía entre ciertos rasgos propios de su personalidad perfeccionista, detallista y sutil –los cuales se ven reflejados en la factura y las terminaciones de las obras y la armonía cromática del conjunto, entre otros– y una enorme sensibilidad creativa manifiesta en el abanico de texturas de los materiales elegidos: nylon, madera, lana de oveja, MDF, metal, concreto, ramas de árboles, PVC, elástico y cerámica. Pero por otro lado, más allá de la radiografía personal, la muestra pone de manifiesto las conversaciones que se establecen en el proceso creativo entre aquel que hace y el material puro en estado “embrionario”.

Tomando el dibujo como punto de partida –como no podría ser de otra forma dado que diseño es, ante todo, dibujo por definición–, Mohaded evita conscientemente llevar el diseño al lugar de confort que vincula a los objetos directamente con el rol para el cual han sido concebidos. Y tampoco piensa en su proyección comercial –otro de los puntos clave en los trabajos de diseño– sino que les otorga el status de obra y los excusa de cumplir con la instancia funcional, interrumpiendo ese proceso lógico de la concepción de los objetos como utilitarios, descontextualizando los materiales, cambiando su destino final, transformando todo en una suerte de reflexión sobre las esencias: Mohaded problematiza la materia.

La delgada línea que separa el arte del diseño sigue vigente aunque cada vez sea menos evidente. Toda propuesta que aporte a enriquecer ambos terrenos permite que se derriben estructuras que no hacen más que asignar “grados de creatividad” a las distintas disciplinas. Por supuesto que hay especificidades propias de cada uno de los campos pero nada indica que un artista plástico o visual es un ser despojado de toda preocupación ulterior a la creación de la obra y un diseñador, por el contrario, tiene siempre un ojo atento al mercado y la comercialización de los objetos. Cristian Mohaded, sin correrse del lugar que lo define, intenta poner en cuestión esa materialidad cerrada, acabada, transformada en algo reconocible, y se permite –aun valiéndose de la exquisitez del acabado propio de las piezas de diseño– presentar un trabajo en el que la única certeza está dada por el material que conforma las piezas, pero ellas en sí mismas aún no han completado su formación, no son aún un objeto que podamos identificar, el proceso ha sido interrumpido, nada está terminado sino que todo es plausible de ser.

En El origen de la obra de arte, Heidegger define la obra a partir de establecer diferencias estructurales con los útiles y las meras cosas y concluye que la obra de arte comparte características con ambos: es creada por el hombre pero no cumple un fin utilitario. Mohamed pone a sus obras en la línea de fuego, destaca la lucha de los objetos por convertirse en tales, por no concretar su funcionalidad práctica; un coqueteo en el límite entre aquello que podemos aprehender, entender y hasta usar y aquello que queda en un plano aun incapaz de ser traducido, en un plano embrionario.

Objetos embrionarios es una propuesta en la que el material pelea por no ser nombrado, para no quedar confinado a un destino sellado para siempre; una resistencia manifiesta de las obras por no configurar universos cerrados sino abrir el juego a todos los universos posibles.

24 de marzo de 2017

Revista Ñ, Diario Clarín

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